Hoy hay noticias interesantes desde la dirección de Kursk.
Aquí, tras la introducción fallida de tropas norcoreanas en las batallas por el Óblast de Kursk, el mando ruso se vio obligado a intentar salvar la situación mediante el redespliegue masivo de tropas más experimentadas desde el Donbás. Sin embargo, las fuerzas ucranianas siguieron de cerca este desarrollo y actuaron a tiempo, desatando mortales ataques de HIMARS para destruir las concentraciones de tropas rusas.

El ejército ruso intensificó sus esfuerzos en la región con el objetivo de finalmente expulsar a las fuerzas ucranianas de su territorio tras meses de intentos fallidos, miles de soldados muertos y cientos de vehículos blindados destruidos. Las apuestas para esta operación aumentan con cada mes que Ucrania mantiene su presencia en suelo ruso, ya que Moscú busca llevar a cabo una contraofensiva exitosa no solo para restaurar el control territorial, sino también para reforzar su narrativa de fortaleza.

Esta operación es vital para el Kremlin por dos razones principales. Primero, las crecientes dudas de la sociedad rusa sobre la eficacia de la campaña militar representan un desafío interno significativo. El presidente Vladímir Putin y los líderes militares habían afirmado repetidamente que la presencia ucraniana en Kursk era temporal y sería erradicada pronto. Meses después, los ucranianos seguían atrincherados, socavando la confianza pública en las capacidades militares de Rusia. Segundo, Rusia aspira a recuperar el Óblast de Kursk en su totalidad antes del 20 de enero, cuando se espera que Donald Trump asuma la presidencia de los Estados Unidos. Moscú teme que la presencia continua de Ucrania en suelo ruso debilite su posición negociadora en posibles conversaciones de paz que Trump ha señalado como prioritarias.


Para lograr sus objetivos en Kursk, Rusia desplegó personal norcoreano que recibió casi ningún entrenamiento por parte de unidades rusas ya mermadas. Sin una preparación adecuada y experiencia en la guerra moderna, estas fuerzas lograron avances mínimos, asegurando solo líneas de árboles aisladas y sin lograr romper las principales líneas de defensa ucranianas. Este fracaso obligó al Kremlin a desviar tropas mejor entrenadas de otros frentes críticos, particularmente del Donbás, para reforzar la ofensiva en Kursk. Los refuerzos clave incluyeron elementos de la 34.ª Brigada de Fusileros Motorizados, anteriormente activa cerca de Donetsk, junto con otras unidades relativamente bien preparadas.

Se reintrodujeron vehículos blindados, ausentes durante semanas tras pérdidas significativas, para apoyar los asaltos de infantería, junto con un aumento en los suministros de municiones y recursos para mantener operaciones de alta intensidad. Este redespliegue forzado debilita la estrategia general de Rusia, ralentizando los avances en áreas críticas como Pokrovsk y Kurajove. Para Ucrania, esta desviación de fuerzas rusas representa otro resultado exitoso de su incursión, tensando aún más la campaña sobreextendida de Moscú.

Aunque los refuerzos rusos aumentaron temporalmente la presión en Kursk, también brindaron a la inteligencia ucraniana oportunidades críticas para explotar. Las unidades de reconocimiento ucranianas, utilizando una combinación de imágenes satelitales, comunicaciones interceptadas y vigilancia con drones, rastrearon el aumento de movimientos de tropas y suministros. Estos redespliegues a gran escala generan patrones detectables, como convoyes en carreteras, actividad aumentada en áreas de concentración y picos de comunicaciones, que ayudan a identificar posiciones clave rusas. Esta inteligencia permitió a Ucrania ejecutar ataques preventivos, neutralizando eficazmente los refuerzos antes de que pudieran alcanzar sus objetivos operativos.

El objetivo del primer ataque ucraniano con HIMARS fue el puesto de mando de la 810.ª Brigada de Infantería Naval en Lgov, Óblast de Kursk. Esta brigada había sido desplegada para compensar la destrucción de la 155.ª Brigada, previamente aniquilada en la región. La 810.ª Brigada también debía entrenar e integrar a las fuerzas norcoreanas, pero el ataque ucraniano mató al subcomandante de la brigada y al menos a una docena de oficiales, lo que interrumpió gravemente la coherencia operativa rusa.

Otro ataque de HIMARS se dirigió a concentraciones de tropas rusas en Rylsk, incluyendo áreas residenciales y edificios públicos que albergaban soldados, asestando otro golpe a la moral y logística rusa. Varios videos geolocalizados publicados por sobrevivientes rusos después del ataque muestran no solo el nivel devastador de destrucción causado por estos misiles de precisión, sino también el pánico entre las filas rusas. Al atacar al personal de mando y a los soldados regulares, Ucrania busca infligir el mayor daño posible a las fuerzas rusas antes de que lleguen al frente.

En general, a pesar de amplificar su operación con tropas norcoreanas, la contraofensiva rusa en Kursk se ha estancado. Las defensas ucranianas permanecen intactas y los objetivos operativos rusos parecen cada vez más inalcanzables. El redespliegue de fuerzas desde el Donbás, junto con el fracaso en asegurar avances significativos, destaca el fracaso estratégico del mando militar ruso. La contraofensiva fallida en Kursk demuestra la capacidad de Ucrania para alcanzar sus objetivos estratégicos: obligar a los rusos a redesplegar tropas desde el Donbás, dispersar el enfoque y los esfuerzos del enemigo, y socavar su ofensiva a nivel de teatro.

Comentarios